Escrito por: Adrián Baracaldo Campo* y Gladys Lucía Arias Chacón** 

Con este artículo no buscamos presentar un futuro desesperanzador y oscuro para las personas adultas mayores y para las que están en proceso de envejecimiento, por el contrario, nuestra intención es ofrecer información clave para reflexionar sobre la complejidad del curso de la vida.

De acuerdo con el Sistema Único de Información en Salud de Colombia, el comportamiento epidemiológico de la actual pandemia por COVID-19 refleja casos de infección en aumento de personas en todas las etapas de la vida. Sin embargo, la mortalidad está representada en los grupos etarios mayores con existencia de comorbilidades relacionadas con las Enfermedades No Transmisibles (ENT), debido a las características Gerofílicas y Gerolavicas del virus SARS-COV2.

A partir de esta situación es importante recordar que la longevidad está influenciada por determinantes básicos, que en este caso corresponden a las condiciones biológicas, ambientales, conductuales y la interacción entre ellas sujetas a razón del tiempo. Por otro lado, existen influencias que determinan el fenómeno de envejecimiento para cada ser humano, en el que se resalta la situación en la cual nos encontramos en estos momentos, “La Pandemia por COVID-19”, debido a que se establece como una influencia normativa de cohorte de carácter mundial, que nos lleva a reflexionar que estamos cambiando la manera de envejecer y la forma de vivir la vejez. Esto conlleva a la expresión de oportunidades, necesidades y de riesgos en torno a la edad.

Podemos contarles que actualmente se ha explorado el componente del envejecimiento individual en torno al elemento biológico, el cual es clave para conocer las respuestas inmunológicas y terapéuticas ante un nuevo virus altamente letal para las personas adultas mayores. Sin embargo, son menores los reportes en donde se abordan los elementos desde el componente del envejecimiento social. Esto representa un panorama complejo y lleno de desafíos relacionados con la compresión de la dinámica de los factores de riesgo ante un mundo que sufre transiciones demográficas y lucha por lograr una transición epidemiológica.

Es importante resaltar la distribución y el impacto de una pandemia, debido a que ellas varían en diferentes factores. Se resalta de la actual pandemia el traslado de actividades como la escolarización, el trabajo, la recreación y el relacionamiento social en el hogar, siendo la vivienda el principal escenario de vida en medio de la crisis, independientemente de sus características físicas, el número de personas que la habitan y el lugar donde se encuentre, lo que ha dado lugar al hacinamiento en el hogar.

Por otra parte, otros elementos para tener en cuenta al envejecer en la pandemia están relacionados con el cambio climático, el acceso a los servicios de salud y la capacidad de aislamiento de la población, sin olvidar las características del agente infeccioso y su transmisibilidad. Es a partir de estas particularidades, y de lo que estamos aprendiendo durante esta situación de crisis en salud, que se debaten las siguientes visiones hacia un mundo pospandémico relacionado con el envejecimiento humano y la vejez:

1. En primer lugar, la distribución y propagación de la enfermedad COVID-19 depende del comportamiento de los individuos, la adopción de comportamientos que prevengan nuevos contagios, no sólo del COVID-19, sino también de otras enfermedades infecciosas que afectan al organismo humano y que pueden controlarse a través de precauciones como el uso del tapabocas, la higiene personal y alimentaria, y el aislamiento voluntario en el momento de contraer una enfermedad infecciosa. Adicionalmente, en la atención clínica geriátrica se deben identificar las intervenciones claves durante la atención de una persona frágil tanto independiente como dependiente.

2. Segundo, el impacto en la propagación de la pandemia actual depende de la estructura social y cívica, que conlleva que determinados beneficios sociales sean más probables para unas poblaciones que para otras. Es importante reconocer que las regiones experimentaron ondas de choque socioeconómicas con un impacto en la salud humana. Es por ello, que los gobiernos deben trabajar de manera cooperativa en pro de buscar un equilibrio entre la salud pública y las economías sociales, además de lograr la protección política de los colectivos más vulnerables.

3. Tercero, cuándo se logre una compensación entre las actividades económicas y la salud pública, el regreso a la normalidad no será una simple transición a la vida como solía ser. Esto representa desde los sectores sociales como la salud y la educación, la expansión del seguimiento y acompañamiento a través de acciones en línea, mediadas por las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Esto nos lleva a reflexionar que se requieren regulaciones y estrategias viables centradas en las necesidades de las personas adultas mayores, que aseguren la igualdad y sostenibilidad de capacidades cognitivas de las actividades de la vida diaria y de la participación social.

4. Esto nos lleva a reconocer la vigilancia activa en Salud Pública, como una estrategia necesaria de inmersión comunitaria de los profesionales de primera línea de atención de personas adultas mayores, dirigida a potenciar el envejecimiento activo y saludable. Los propósitos de estas intervenciones deben estar configurados para evitar el envejecimiento patológico, reducir los factores de riesgo, disminuir la soledad y promover la independencia y autonomía. Este elemento es clave en el logro de la supervivencia poblacional en edades avanzadas. Además, generar una integración de los servicios que prestan atención a la población envejecida a nivel nacional e internacional en todos sus niveles.

5. Se evidencia la necesidad de generar conocimiento sobre el impacto en la salud mental geriátrica, relacionado especialmente con las nuevas prácticas sociales como es el distanciamiento físico, las medidas de aislamiento y el miedo a la muerte al contacto, que puede llegar afectar el cuidado directo de las personas adultas mayores. Así mismo, reflexionar y dirigir estrategias para el bienestar y cuidado a cuidadores.

6. La precipitación de situaciones de violencia intrafamiliar, las cuales han sido un punto detonante y álgido en la actual pandemia, en donde la reestructuración de la rutinas sociales y económicas para las personas adultas mayores han generado y seguirán generando situaciones futuras de violencia. Esto plantea escenarios complejos debido a que los factores atronadores corresponden en la gran mayoría de casos por cambios económicos pandémicos y características propias de las personas envejecidas. De igual manera, la reafirmación del viejismo o edadismo, que se refiere a la discriminación por edad, ha llevado a una atmósfera desalentadora de baja tolerancia o desconocimiento sobre los cambios propios en la vejez, que plantea diferentes desafíos multidimensionales en donde se encuentra la sexualidad en la vejez. 

Como lo dijimos al inicio del artículo, con los desafíos expuestos no es nuestra intención mostrar un futuro desesperanzador y oscuro para las personas adultas mayores y para las que están en proceso de envejecimiento. La intención es ofrecer una serie de puntos clave, que nos oriente como personas y profesionales a comprender la complejidad del curso de vida, dando importancia a cada uno de los momentos de este, en especial a la vejez.

*Profesor del programa de Enfermería UNAB.

**Profesora del programa de Psicología UNAB.