Por Álvaro Javier Vargas Villamizar*
 

Con la llegada el pasado lunes de las primeras 50 mil vacunas a Colombia se da el inicio de un escenario esperanzador. A Santander le han correspondido 2.388 dosis para empezar su plan de vacunación. Esta es una época llena de expectativa y positivismo por todas las cosas buenas que sucederán gracias a la inmunización en masa de la población. Debido a este proceso se espera que podamos volver a la senda de un crecimiento económico cercano al 3 % y se retomen las tasas de desempleo a cifras inferiores a un dígito. El proceso de vacunación es vital para poder recuperar los ingresos de las familias y hogares más vulnerables, así como reanudar nuestra normalidad social. Pero llegar hasta acá no ha sido una tarea fácil y es necesario reflexionar sobre ciertos aspectos que nos llevarán a evidenciar las razones sobre la importancia de vacunarnos.

La tan anhelada reactivación económica de la región sin duda viene de la mano de la vacunación masiva porque una porción importante de la actividad económica que llevan a cabo los santandereanos requiere de contacto social o de algún tipo de aglomeración. 

Superando los días grises

No han sido pocos los sacrificios que hemos realizado en el departamento y la región a raíz de la pandemia. Desde el aislamiento preventivo obligatorio decretado por el Gobierno Nacional en marzo del año pasado, muchas familias tuvieron que vivir la inclemencia de la escasez económica debido a su impedimento para poder trabajar. El panorama anterior se agudizó como consecuencia de que más de la mitad de las personas ocupadas en la región (54,5 % octubre-diciembre) según el DANE viven en la informalidad laboral, situación que no permite en la mayoría de las ocasiones trabajar de manera remota y mucho menos tener ahorros suficientes para subsistir. La estructura laboral de Santander y el área metropolitana de Bucaramanga, se vio fuertemente golpeada porque jamás estuvo ligeramente preparada para afrontar un escenario de encierro total como este. Por lo tanto, grandes sectores de la economía local tuvieron que cerrar sus puertas de forma temporal y algunos, lamentablemente, para siempre. 

No obstante, esta situación dejó al descubierto las capacidades y el tesón de las personas que habitamos la tierra del “siempre adelante, ni un paso atrás”. Porque a pesar de las adversidades, mostramos que ni siquiera una pandemia de esta magnitud está en la capacidad de detenernos y que, empero de los tiempos vividos, seguimos levantándonos día a día por salir adelante. Sin duda, en los anaqueles de la historia quedarán escritos estos acontecimientos que servirán como prueba de que ahora más que nunca, la unión hace la fuerza.

Hemos vivido casi un año intentando protegernos del virus que nos acecha. Hasta ahora, las únicas medidas que podíamos tomar contra el Sars-Cov-2 eran las preventivas y en el caso de contagiarse, solo restaba esperar por nuestra propia recuperación. Pero hoy una nueva puerta se abre: por fin inicia el tan esperado Plan Nacional de Vacunación que, de acuerdo con el Gobierno Nacional, llevará a cabo la inoculación más grande en la historia de Colombia. Se espera vacunar en 2021 al 70 % de la población, es decir, en el caso de Santander poco más de millón y medio de personas. 

¿Cuáles fueron los costos de la pandemia?

Es entendible que luego de la suspensión de muchas de estas actividades (restaurantes, hoteles, turismo), la senda que nos espera después de la vacunación sea la de la recuperación de estas actividades. No obstante, para intentar cuantificar qué viene en materia económica, social y de empleo, haremos una aproximación a las pérdidas que se pueden medir gracias a la disponibilidad de la información.

La cuarentena obligatoria llevó a que el Producto Interno Bruto (PIB) del país cayera 15,7 % en el segundo trimestre del 2020, retrocediendo a cifras de una década atrás y llevó la tasa de desempleo en Bucaramanga a alcanzar máximos históricos del 23,1 %. En cuanto a los ingresos, de acuerdo con los microdatos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE, en abril de 2019 un bumangués ocupado laboralmente devengaba en promedio $ 1.093.163 y en el mismo mes de 2020 esta cifra cayó a $789.390, es decir, una caída del 27,79 %. Comparando el mismo periodo de tiempo, en abril de 2019 había 534.432 personas ocupadas en comparación con las 447.945 que se registraron en el mismo mes de 2020. En palabras simples, el aislamiento preventivo llevó a que cerca de 86.487 personas perdieran su trabajo, afectando de esta forma la condición social y económica de más de 300 mil personas contando a sus familiares. Ahora imaginemos este terrible escenario: encerrados, sin empleo, sin ahorro y sin alimentos. Esto es por lo que tuvieron que pasar varios cientos de miles de santandereanos a causa de la peor recesión económica de la historia reciente.
 

Una época de cambios

A pesar de todos los acontecimientos difíciles vividos a causa de la pandemia, se han podido ver las consecuencias de un fenómeno que ha dejado varios perdedores, pero contrario de lo que intuitivamente se piense, también muchos ganadores. En abril de 2019, los sectores que más empleo generaban en el área metropolitana de Bucaramanga fueron: Almacenamiento y logística (16,5 %), Alojamiento y hoteles (8,4 %), Comercio por menor (6,8 %), Educación (6,5 %) y Radio y TV (6,2 %). Dicho panorama cambió ampliamente y la economía santandereana en pandemia sufrió ciertas modificaciones que llevaron a que un año después, en el 2020 los principales sectores generadores de empleo fuesen: Comercio (16,2 %), Restaurantes (7,3 %), Transporte (6,5 %), Salud (6,1 %) y Educación (5,1 %). En consecuencia, podemos evidenciar que las dinámicas de consumo y de producción resultaron seriamente afectadas. Es evidente que todas aquellas actividades en las que se generaba aglomeración sufrieron una caída estrepitosa, pero también dejó en evidencia el surgimiento de nuevas necesidades que requirieron ser solventadas. Algunas de las más representativas son la telemedicina, la banca digital, los trámites gubernamentales en línea, los domicilios, las compras en Internet, y por supuesto las clases remotas y las teleclases. 

Algunos dicen que en las épocas de crisis es cuando la humanidad realmente se reinventa, y este es el escenario perfecto que prueba la veracidad de dicha afirmación. Esta pandemia nos trajo grandes costos sociales y económicos. Pero no podemos negar que ha sido una oportunidad única que nos ha llevado a dar un gran salto hacia el futuro en la implementación de las nuevas tecnologías, el mejoramiento de procesos y la optimización de nuestros sistemas de comunicación. A pesar de las vicisitudes vividas, hemos hecho un buen trabajo en la región y el país, nos hemos reinventado y hasta adaptado a la nueva normalidad. No obstante, la mejor solución disponible ahora es la vacunación, solución derivada del ingenio científico que por fin nos llevará a decir que está pandemia tendrá punto final.

Por lo tanto, en la medida en que inicie la vacunación de acuerdo con las etapas establecidas por el Ministerio de Salud y Protección Social, se espera que la dinámica económica vuelva a su curso natural. Lo que veremos es que el comercio empezará a reactivarse y que las medidas restrictivas se irán desmontando. Es primordial, en la medida de lo posible, que se empiece a permitir la operación de aquellos sectores que llevan casi un año inactivos como los cines y bares; además tendremos el retorno paulatino y controlado a las actividades presenciales en los sectores de la administración pública, la educación en colegios y universidades, y la gradual reapertura de los escenarios turísticos masivos. 

 

*Profesor programa de Economía UNAB


 

Tabla Técnica

Autor 
Fecha 
Feb 17, 2021
Tipo 
Noticia