Por Juan Carlos Rodríguez Marín

Si bien las crisis económicas y financieras están siempre caracterizadas por un nivel de incertidumbre, la que se vive actualmente es mucho mayor en la medida que compromete el capital humano. Incertidumbre en cuanto al tiempo que puede durar la pandemia, al efecto en los ámbitos económico y social así como en los cambios que va a tener el estilo de vida de la población después de superada la crisis.

Entre las diversas actividades económicas que han manifestado una grave crisis se encuentra el Turismo. Con relación a esta actividad gobiernos, empresarios, empleados y los mismos consumidores se hacen las siguientes preguntas: ¿Cuánto va a afectar esta situación a la industria del turismo? ¿Cuánto tiempo va a tomar la crisis? ¿Cuándo iniciará la reactivación del turismo? ¿Qué debo hacer como empresario del sector para afrontar esta crisis? La incertidumbre que reina en el sector es tal, que muchos empresarios ya han pensado en el cierre total de sus negocios y en un despido masivo de sus empleados. 

No se trata de dar respuestas a las anteriores inquietudes, sino de demostrar la importancia que tiene fijar la atención sobre esta actividad, las consecuencias que traería consigo una profundización de la crisis y los retos que tiene el sector.

En 2019, el sector turístico representó 30 % de las exportaciones mundiales de servicios (1,5 billones de dólares) y hasta 45 % de la exportación total de servicios en los países en desarrollo. Desde el año 2008 hasta el 2019, el turismo tuvo un crecimiento del 65 % representado en llegadas de turistas internacionales (OMT, 2020). Para el caso colombiano, el turismo representa el 3,8 % del PIB, y ha crecido a una tasa promedio anual del 9,1 % entre 2012 y 2019, cifra muy superior al promedio en las Américas (4,4 %) y a nivel mundial (5,3 %). Para el año 2019 se registró la llegada de 4.5 millones de visitantes, con un crecimiento del 4 % con respecto al año 2018 en visitantes extranjeros no residentes, sin incluir venezolanos (ProColombia, 2020).

Dados los resultados anteriores, Colombia y Santander han puesto sus ojos en el turismo como uno de los ejes principales de desarrollo económico. En el Plan Nacional de Desarrollo 2018 – 2022, el turismo se encuentra como una línea del pilar de emprendimiento. Se enfatiza el desarrollo de un turismo sostenible, responsable y de calidad. Entre los objetivos principales se podría mencionar el fortalecimiento de la oferta turística, la generación de más inversión, mejora en infraestructura y conectividad para el turismo y promoción de un turismo transformador, incluyente y con equidad (DNP, 2018).

Santander igualmente le ha apostado desde hace más de una década al turismo como una excelente alternativa de desarrollo económico. El énfasis en el turismo de aventura, cultural, gastronómico; y para el caso de Bucaramanga y su Área Metropolitana, el turismo de eventos empresariales, culturales y sociales, han sido sus principales retos. Un reflejo de estas apuestas se manifiesta en las grandes inversiones en parques temáticos, como el Parque Nacional del Chicamocha y el Ecoparque Cerro del Santísimo, y para el caso del turismo de eventos, en la construcción del Centro de Convenciones de Neomundo así como altas inversiones privadas en hoteles y servicios asociados al turismo.

En palabras del gobernador de Santander, Mauricio Aguilar Hurtado, la apuesta seguirá siendo el turismo temático basados en los ejes turísticos contemplados. En los planes se habla de la construcción de 12 parques temáticos en la misma cantidad de municipios del departamento. Se destacan las inversiones que se realizarán alrededor del embalse de Topocoro, el Parque Mundial del Cacao, así como de malecones, parques lineales, miradores y teleféricos. 

Todas estas expectativas sufren un fuerte golpe con la expansión de la pandemia a nivel mundial. En palabras de la OMT (2020) “cualquier evaluación del impacto de esta crisis sin precedentes en el sector turístico se ve sobrepasada de inmediato por una realidad que cambia a toda velocidad”. Los viajes y el turismo constituyen un sector que emplea una proporción considerable de mano de obra, pero es un sector que se encuentra hoy entre los más amenazados, con puestos de trabajo en peligro en toda su cadena de valor. Las consecuencias afectarán, en particular, a los grupos más vulnerables de la población, como las mujeres, los jóvenes y las comunidades rurales (OMT, 2020). 

Según la Organización Mundial del Turismo (2020), se estima que para finalizar el 2020, la caída en el sector estaría alrededor del 20 % y 30 %. Esta situación implicaría, en términos de llegadas de turistas internacionales en el mundo, una caída entre 290 a 440 millones de turistas. Situación que llevaría al sector turístico a las mismas cifras del año 2014, es decir, un retroceso de 6 años. Las cifras en Colombia no distan mucho de la situación internacional. A fecha del 15 de abril de 2020, la ocupación hotelera era del 6,4 %, el 50 % de los hoteles han cerrado temporalmente y el 78 % de los hostales han hecho lo mismo (ProColombia, 2020).

Expertos internacionales han iniciado una serie de análisis en cada uno de los países para buscar una salida a la problemática evidenciada. Recomendaciones van y vienen, pero la coyuntura actual no es nada optimista. A pesar de lo anterior, el mismo sector turístico ha sido modelo de superación en crisis anteriores. El mejor ejemplo se evidenció con lo acontecido después de la crisis económica del 2009. En ese año, la llegada de turistas internacionales en el mundo cayó 4,0 %. Sin embargo, para el año siguiente la llegada de pasajeros aumentó 7 % y el empleo en servicio de alojamiento y servicios de comidas aumentó 35 % (OMT, 2020).

Los países que le han apostado al turismo plantean alternativas de solución de largo plazo, en donde es común encontrar palabras y estrategias como resiliencia, solidaridad, reorganización, restablecer la confianza, impulsar la innovación y la transformación digital, fomentar el turismo interno y fortalecer la gobernanza, turismo sostenible, entre las más destacadas. A nivel de inversiones, la escasez de recursos para el sector serán el común denominador y deberá compartir los recursos con otras actividades que también lo requieren. Ante esto, Santander deberá aprovechar sus activos naturales relacionados directamente con un turismo sostenible, el cual sería el mejor camino para superar la crisis en el mediano plazo y abrir nuevos productos para el consumidor, quien definitivamente va a cambiar su estilo de vida.

A pesar de lo anterior, las preguntas se siguen haciendo con relación al actuar en el corto plazo. La actividad turística es una actividad de contacto social, algo que en los próximos meses estará prohibido. Y mientras tanto ¿qué hacer con la infraestructura turística con que cuenta la región? ¿cómo apoyar a las empresas y personas que viven de esta actividad? Definitivamente el reto en materia de política económica es enorme y se requiere que, con cabeza fría, se tomen las decisiones más acordes con la situación.

 

*Profesor programa de Economía UNAB

Tabla Técnica

Autor 
Fecha 
Jun 11, 2020
Tipo 
Noticia