Por Daniel Botero Guzmán*

La pandemia por el COVID-19 ha cambiado nuestro mundo. Las imágenes y relatos que reflejan los impactos sanitarios, sociales y económicos de la enfermedad probablemente jamás se puedan olvidar.  Sin embargo se desconoce el rumbo que la humanidad seguirá una vez se supere la crisis actual.

La cuarentena, que es la medida que la mayoría de gobiernos ha optado por aplicar para contener los mortales efectos de la enfermedad, ha puesto de relieve, más que nunca, los profundos fallos del modelo de desarrollo vigente.  La desigualdad económica y la escasa seguridad social para quienes más la necesitan, la fragilidad del sistema de salud y de las cadenas alimentarias mundiales y el hecho de que las empresas, no sólo las pymes sino también las grandes, no puedan subsistir sin inconvenientes por verse obligadas a cerrar por dos o tres meses, debería llevarnos a reflexionar sobre nuestro sistema económico, político y social. 

Y es que resulta por lo menos paradójico que el ser humano, según el historiador israelí Yuval Noah Harari, pasara de ser un “animal insignificante” a “estar a punto de convertirse en un dios” por sus “capacidades divinas de creación y destrucción”, auspiciadas en el avance de la ciencia y la tecnología, y ahora se vea sometido a una debacle por tener que “apagar” la economía por un trimestre. Algo estamos haciendo mal.

Ante este panorama diferentes voces han dado su opinión sobre el futuro. Académicos, políticos, filósofos, líderes religiosos y empresarios han mostrado su visión sobre cómo será el mundo una vez se logren superar los efectos más devastadores de la pandemia. Estas visiones se enfocan en aspectos diversos que van desde el modelo económico, el papel del Estado y el desarrollo tecnológico hasta las relaciones humanas, el vínculo con la naturaleza y la movilidad en las grandes ciudades. 

Para el filósofo Slavoj Zizek, el coronavirus será un golpe mortal para el capitalismo y dará pie a una nueva forma de comunismo en el que se reconocerá la importancia de la acción colectiva por encima de la individual. Afirma que la solidaridad se impondrá, no de una manera idealizada sino teniendo como finalidad la supervivencia. Citando la conocida frase de Martin Luther King, “puede que todos hayamos llegado en diferentes embarcaciones pero ahora estamos todos en el mismo barco”, es enfático al señalar que hay que dejar de lado los nacionalismos y prepararnos de manera conjunta pues “la crisis del coronavirus es un ensayo general para el inminente cambio climático, que va a ser la próxima crisis”.

En la orilla de pensamiento opuesta se ubica Byung-Chul Han. El filósofo surcoreano ha sido claro en afirmar que “Zizek se equivoca”, que “el virus no vencerá al capitalismo” y que más bien nos dirigimos, en Occidente, a una consecuencia política: el fin del liberalismo. Alerta sobre como el coronavirus podría llevarnos a ser una sociedad totalmente vigilada de manera digital, siguiendo el modelo chino y otorgándole al Estado total acceso a nuestra esfera privada con tal de vencer al virus. En un sentido similar se expresa Noam Chomsky, lingüista estadounidense, al señalar que la crisis por la pandemia del COVID-19 podría llevarnos a Estados altamente autoritarios y represivos que terminen expandiendo el “manual neoliberal” incluso más que ahora.

Desde una perspectiva más práctica y menos relacionada con el futuro del modelo económico y político, los empresarios también se han manifestado. Los CEO de las firmas más reconocidas a nivel mundial concuerdan al señalar que las herramientas digitales para reuniones remotas transformarán, de manera permanente, nuestra manera de trabajar, estudiar, viajar e interactuar. Las empresas que deseen mantenerse vigentes tendrán que irse trasladando a este mundo remoto. Ante la posibilidad de otro “apagón” en la economía la única manera de seguir adelante es tener ganado un espacio importante en lo digital. 

Por su parte, algunos psicólogos, sociólogos, historiadores, entre otros, pronostican, en torno a las relaciones humanas, una sociedad más cohesionada y solidaria, más consciente de la importancia del contacto humano y de lo insustituible que resulta, menos esnobista y más sensata.  Esta posibilidad, concebida de una manera más amplia, significaría una política social reformada, con mayores inversiones en salud y un mayor reconocimiento a la labor de médicos, enfermeros y personal sanitario; con alguna forma de renta básica universal que garantice un verdadero piso de protección social y una soberanía alimentaria robustecida. 

Este último escenario es el que más escepticismo genera. Zizek, Byun-Chul Han y Chomsky cuentan con un número importante de adeptos.  La visión empresarial es tan pragmática que difícilmente pueda ser controvertida, pero el cambio de lo que somos y cómo nos comportamos a nivel individual, y su consecuente reflejo a nivel de la sociedad, es el que más dudas genera; pareciera ser el menos posible de los mundos. Muchos creen que cuando lo peor haya pasado los valores humanos no habrán cambiado en lo más mínimo. Para otros somos como leones enjaulados con un apetito de destrucción insaciable esperando simplemente a ser liberados de nuestra prisión. Quisiera decir que la manera en cómo hemos reaccionado ante lo que sucede podría darnos pistas de que el cambio es posible, pero por ahora sólo aparecen señales contradictorias.

Mientras en países como Francia, España e Italia aplauden a los médicos desde sus balcones por estar en la primera línea de batalla contra el virus, en otros países se les insulta, golpea y amenaza por ser posibles “focos” de infección; mientras en muchos países se ha entendido que el valor de la vida humana está por encima de todo, en Estados Unidos hay protestas armadas para exigir el fin del confinamiento, a cualquier costo, y por fin poder asistir al salón de belleza; mientras que la Unión Europea logró recaudar 7.400 millones de euros para financiar tratamientos contra el coronavirus mediante aportes de diferentes gobiernos y empresas, el parque Disney en Shanghái reabre, en medio de la reactivación económica China, con entradas agotadas y los parisinos hacen largas filas para comprar ropa en Zara tras el fin de la cuarentena.

Sólo el tiempo nos dirá si el cambio en los valores humanos es posible o no. Esperemos que esto ocurra antes que sea demasiado tarde.

*Profesor del programa de Economía de la UNAB.

Tabla Técnica

Autor 
Fecha 
Jun 25, 2020
Tipo 
Noticia