Por Sandra Yaneth Páez Leal*

Mi padre ha sido un hombre lector toda su vida, aún ahora en su edad mayor, en consecuencia, en nuestra casa había libros de diversos temas, desde ¿Cómo tomar excelentes fotografías? (cuando aún existían las cámaras de rollo, él tenía una Pentax, con lentes de diversos colores), pasando por una enciclopedia roja de 10 tomos enormes en la que se narraba la historia de la II Guerra Mundial, llegando a otra pequeñita de libros grises acerca de la sexología humana. Y claro, también estaban los autores que, después me enseñó, llevaban por apelativo: “Los Clásicos”.

Recuerdo que cuando era niña caminar en casa, o mejor, deambular por ella, terminaba convirtiéndose en un periplo algo incómodo. Un día aparecía Julio César el emperador romano, otro día eran los dos tomos de Crimen y Castigo de Fédor Dostoyevski, y a veces aparecía Josefina acompañada de Napoleón. Más adelante, cuando era adolescente, mi madre comenzaba a estudiar Derecho, entonces aparecieron los códigos y las jurisprudencias de la Corte Suprema de Justicia que llegaban a casa por suscripción, pero lo peor era que por cualquier lugar estaban los libros, Sí había biblioteca, pero mi papá leía en cualquier sitio, entonces había libros por donde transitara. Por este “desorden”, irremediablemente los libros fueron atrayéndome progresivamente.

No recuerdo cuál fue el primer libro que leí pero claro que sí el que mayor impacto me proporcionó: Las Aventuras de Tom Sawyer (1876) de Mark Twain (1835–1910,  Estados Unidos), obra que me permite solucionar una inquietud que de vez en cuando se me presenta en forma de fantasma: ¿Cuál es la diferencia que me aporta leer de no hacerlo? Bueno, Tom Sawyer buscaba algo que tendía a escapársele por el río Mississipi, y que es la respuesta a esa pregunta: la libertad; porque si bien Tom era un jovencito blanco, cadenas se extendían en su mente.

Las personas que tenemos por hábito leer somos diferentes porque somos libres, porque la capacidad de discernimiento se va aferrando a nuestro ser, porque hacemos cada vez más lejana la distancia entre una respiración profunda, y el agotamiento de sentirnos perseguidos, porque nos pertenecemos, no somos de otros.

El Círculo de Lectura Excélsior del Programa de Derecho de la Universidad Autónoma de Bucaramanga se esfuerza por impulsar esa diferencia de aportar a la sociedad individuos libres, fortalecer el interés por la lectura, consolidar los principios misionales de una Institución que no languidece ante las adversidades, y que proyecta la preponderancia del saber. Los invitamos a participar de las tertulias semanales, y a seguirnos en: Twitter: ExcelsiorUnab – Instagram: ExcelsiorUnab.

*Docente programa Derecho, coordinadora Club de Lectura Excelsior

 

Tabla Técnica

Autor 
Fecha 
Abr 29, 2021
Tipo 
Noticia