En su más reciente libro Colombia enferma de plomonía, Roberto Sancho Larrañaga narra cómo el país sigue viviendo entre balas y plomo. El autor parte de la evolución del Ejército de Liberación Nacional (ELN) para contar en 224 páginas pequeños apartes de la vida de guerrilleros como Fabio Vásquez Castaño y Nicolás Rodríguez Bautista, alias ‘Gabino’. También describe la cultura política de la violencia en el país, el surgimiento de organizaciones armadas y otros aspectos relacionados con la violencia con la que han tenido que convivir las distintas generaciones colombianas. 

Sancho Larrañaga se desempeña actualmente como docente e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB). También es doctor en Historia de la Universidad de Zaragoza (España), magíster en Historia de la Universidad Industrial de Santander y Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza.

Desde 1995, el escritor de origen español, comenzó a investigar sobre el tema de la violencia política, pero fue en 1997, cuando llegó a Colombia, que decidió centrarse en la comparación de la violencia política armada entre España y este país latinoamericano. Son décadas de estudio que hoy se ven reflejadas en este libro, luego de dos publicaciones realizadas en 2003 y 2008: Guerrilla y terrorismo en España: ELN y ETA, y La encrucijada de la violencia política armada en españa y Colombia: ELN y ETA.

Durante la Feria del Libro de Bucaramanga, Ulibro, hizo el lanzamiento de esta reciente publicación; en ese espacio dejó claro que los colegios de nuestro país estudian más la historia de Estados Unidos que la de Colombia. “Un país que no tiene institucionalizada la historia en su educación, se puede suponer que es un país desmemoriado. Y eso lo podemos ver con el tema de las masacres”, señaló allí Sancho.

Colombia enferma de plomonía está dividida en tres partes: Las personas hacen la historia, Las personas hacen la historia pero en contextos determinados, y, Las personas perciben de manera diferente los contextos: imaginarios sociales y violencia. En cada una de ellas Sancho utilizó géneros literarios como el cuento y el ensayo, basándose en bibliografías secundarias, documentos y fuentes.

Según datos del Centro Nacional de Memoria Histórica, entre 1958 y 2012, hubo 218.094 muertos por causa del conflicto armado; y en la década de 2010 a 2019, 139.956. Pero la realidad es que un alto porcentaje de esos homicidios no están relacionados con el conflicto. Para el docente, el país tiene un pequeño problema social y es el de entender la violencia solo como la que realizan los actores armados. “Hay una base cultural que tenemos que abordar socialmente para poder construir una cultura de paz o de convivencia. Si tú estás negando que hay un problema de violencia, eso significa que no podemos abordarlo socialmente”, añade. 

Cuenta también que el gran problema del ser humano, que da origen a hechos violentos, es cómo se relaciona con el pensamiento. “Hay visiones dicotómicas y la política no puede ser dicotómica. Esa visión monológica es la que lleva a desconocer los derechos del otro porque empieza a haber colombianos de primera y colombianos de segunda”, argumenta para explicar que tenemos que eliminar el discurso de enfrentamiento y de lucha que se da en espacios de la cotidianidad como las redes sociales, los medios de comunicación y las aulas de clases. Para él, todos deberíamos aplicar lo que dice la Constitución de la Unesco de 1945: “Que, puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”.

En su libro hace referencia a cómo las fiestas son sinónimo de violencia en nuestro país. Describe la fiesta como un ciclo de vida a muerte, como un momento de renovación del conflicto, porque hay odio, venganzas, peleas, esfuerzo y recompensas. Fue precisamente en un ambiente festivo en Simacota (Santander) que el ELN realizó su primera acción armada.

Aunque la situación actual no muestra un panorama positivo (según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, a la fecha se han registrado 57 masacres en el país), Sancho asegura que hay pequeños cambios en términos de violencia, pero que continúan algunas permanencias. Esto se debe en gran parte a vivir en una sociedad de mitos o de creencia común, puesto que esto no da lugar a la duda. Pone como ejemplo a la religión, la cual debe estar desligada completamente de la política. “El espacio de la política no es el de la religión. Es el espacio del diálogo, del consenso y la búsqueda de la convivencia. En este país se convierte la política en un absoluto, y eso no es exclusivo de la guerrilla ni de la política, si no a nivel mito”, agrega. 

El fondo de la situación es la cultura de la violencia que se ha normalizado. Y para ello es fundamental entender el pasado, y trabajar para crear una cultura de paz, explica el investigador. 

Su invitación final es a construir ciudadanía y ayudar a resolver el conflicto, dos de sus propósitos al escribir este libro. A crear confianza y reconocer que tenemos un país rico y que no podemos condenar a las nuevas generaciones a repetir esta historia. Pero sobre todo, a entender que “no hay violencia buena o mala, simplemente hay violencia”.

Colombia enferma de Plomonía estará disponible próximamente en librerías del país.

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