Por Lynda Bula Barbosa

Tiene 80 años y hace seis, junto a Edvard Moser y May Britt, recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, por el descubrimiento de células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro. Es neoyorquino, de padres inmigrantes irlandeses. Creció entre el Bronx y Harlem, lo que le permitió, según él mismo lo cuenta, aprender de las diferentes culturas y las diversas formas de pensar y hacer las cosas.

John O’Keefe tenía planeado viajar a Bucaramanga en octubre de este año, gracias a la invitación realizada por el profesor del programa de Medicina de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) y neurocirujano, William Omar Contreras López,  para participar en el primer Congreso Internacional de Neurociencias, que se realizaría en el marco del Congreso de la Facultad de Ciencias de la Salud de dicha institución, pero todos esos planes tuvieron que posponerse por causa del covid-19.

En vista de que su primera visita a Colombia se aplazó, el profesor le extendió una invitación para conversar en la distancia sobre la vida, su descubrimiento y la ciencia.

“Creo que el gobierno (de Inglaterra, donde reside actualmente) no manejó muy bien toda la situación. Al principio pensaron que podrían resistirlo y tratar de obtener inmunidad colectiva. Pero luego se dieron cuenta de que eso no iba a funcionar y que causaría muchas muertes”, dice O’Keefe para darle inicio a esta conversación.

Desde la biblioteca de su casa en el país europeo, cuenta que para él, el Nobel es un reconocimiento para toda esta área de investigación, pues detrás de ello se refleja el gran proceso de indagación que iniciaron hace muchos años otros investigadores.

¿Hay un momento ‘Eureka’ para hacerse merecedor de este premio?, le pregunta Contreras. A lo que él responde que junto con su equipo tuvieron mucha suerte. “Desarrollé toda la tecnología para trabajar en registros de células en el hipocampo de ratas que se movían libremente. Habíamos estado trabajando en ello durante un año, más o menos, y hubo un momento único de ‘Eureka’’, porque hubo un punto en el que pensé que lo que está haciendo esta célula es diciéndole al animal dónde está ella con respecto al medio ambiente. Y me di cuenta de inmediato que estaba en lo correcto”.

Las células de lugar en el hipocampo, como O’Keefe las denominó, es lo que el propio comité del Nobel bautizó como “GPS Interno”. En otras palabras, un mapa interno del entorno que se encarga de orientarnos e indicarnos en qué sitio en concreto nos encontramos. Este descubrimiento sucedió en 1971, pero fue hasta 2005 cuando May-Britt y Edvard I. Moser encontraron las células cuadrículas, que se halló que junto con las estudiadas por O’Keefe y otras ubicadas dentro de la corteza entorrinal, el cerebro puede reconocer la dirección de la cabeza y los límites de la estancia.

En 1967, O’Keefe recibió un doctorado en psicología fisiológica en la Universidad McGill, en Montreal, Canadá. También estudió Ingeniería Aeronáutica, luego de que en la secundaria había cursado muchas asignaturas clásicas, latín, griego y otros idiomas, pero poca ciencia. “Los rusos acababan de poner al Sputnik en el cielo y había un enorme interés por el espacio, los cohetes y cosas así. Adicionalmente había bastante dinero destinado a ese campo. Entonces me parecía una buena área para comenzar a estudiar”, cuenta para exponer de dónde surgió la motivación por estudiar todo lo relacionado con las aeronaves..

Reflexiona acerca de cómo se fue encaminando en la actividad a la que dedicaría el resto de su vida. Nunca consiguió trabajo como ingeniero aeronáutico, así que se empleó en una compañía de seguros y en Wall Street. Alguna vez tuvo la oportunidad de trabajar haciendo aviones, en Grumman Aircraft, e incluso se le dio la posibilidad de entrar al programa espacial.

Cuenta entre risas que estudió en el City College, de Nueva York, y que allí cursó materias diferentes pasando por inglés, filosofía, física, ingeniería y genealogía; tantas, que alguna vez el decano de la facultad lo llamó para decirle que con los créditos que tenía podía obtener hasta tres títulos universitarios. Fue entonces cuando se postuló a McGill Montreal.

“Cada vida es un experimento, y si tienes la buena fortuna de nacer en un entorno que te permita tener la educación adecuada, entonces tienes opciones reales… Si crees que el cerebro es una especie de máquina determinista, entonces, ¿de dónde viene el libre albedrío y la elección? Sin embargo, también creo que, desafortunadamente, muchas personas no están en esa posición. Muchas personas en el mundo todavía no se encuentran en un entorno en el que puedan educarse y tener suficientes alimentos para comer, y suficientes recursos para poder tomar decisiones. Y muy a menudo están obligados a seguir determinados caminos porque no tienen los recursos para tener la opción de decir ‘me gustaría hacer esto’ o ‘me gustaría hacer aquello’”, indica el Nobel.

Esto a su vez se relaciona con su opinión acerca de la creatividad, la cual para él trata sobre cómo mirar algo de una manera nueva cuando se viene de un entorno diferente al de la mayoría de las personas que lo vieron antes. Para O’Keefe, todos podemos descubrir cómo las cosas encajan en formas que no parecían obvias para quienes ya estaban relacionadas con eso desde antes. Exactamente, se trata de intercambiar conocimientos y aprendizajes entre culturas diferentes, esto nos permitirá tener un panorama más amplio sobre ciertas cosas y ver el mundo con otros ojos. Es por esto que se declara un gran admirador de difundir ampliamente la ciencia y atraer a personas de diferentes lugares y orígenes para que sean científicos.

Contreras le pregunta sobre el gobierno y la ciencia, cómo hacer para que sea independiente sabiendo que son los fondos públicos los que financian la investigación básica. O’Keefe es claro: la ciencia no podrá separarse por completo de la política. “El método científico debe mantenerse fuera de la esfera política en el sentido que debes obedecer las reglas de la ciencia, ser sincero y buscar los datos y dejar que estos te lleven a respuestas”.

Sobre el futuro de la neurociencia tiene una postura optimista, pues cree firmemente en que se entenderán más las enfermedades como el alzhéimer, el párkinson, el huntington, y en general de las enfermedades neurodegenerativas. “Creo que seremos capaces de encontrar tal vez no curas, pero sí formas de aliviar esas enfermedades”, asegura.

Actualmente O’Keefe es el director del Centro Sainsbury Wellcome para Circuitos Neurales y Comportamiento en University College de Londres. Por ahora seguirá confinado en su casa leyendo muchos libros de historia, sus favoritos, esperando que el año próximo el covid-19 le permita llegar Bucaramanga.

 

 

 

 

 

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