Por: Jhon Alexis Díaz Contreras

Director programa de Economía, UNAB.

 

La economía tradicionalmente se soporta en la idea de la maximización del bienestar individual. Es decir, siempre que elegimos, siempre que tomamos una decisión, lo hacemos porque evaluamos todos los beneficios y  costos de las alternativas posibles y nos decantamos por la que nos genera el bienestar más alto. Suena sencillo si razonamos como el Sr. Spock o Sheldon Cooper*, pero la verdad es que el 99 % de los seres humanos razonamos como Homero Simpson.

Por ejemplo, imagina que te enfrentas a la siguiente elección. Hay 600 personas en una situación de vida o muerte y hay dos programas de salud que los pueden ayudar. Si usas el programa A, 200 personas se salvarán. Si usas el programa B, existe 1/3 de probabilidad de que nadie muera y 2/3 de probabilidad de que no se salve nadie. ¿Cuál sería tu elección? La mayoría de las personas eligen el programa A.

Ahora, vuelve a elegir. Si usas el programa A, 400 personas morirán. Si usas el programa B, existe un 1/3 de probabilidad de que nadie muera y 2/3 de probabilidad de que nadie se salve. ¿Te gusta más el programa B? Tus elecciones son contradictorias. Solo bastó que las opciones se presentaran en un marco positivo (orientado a salvar vidas) o en un marco negativo (orientado a resaltar las muertes) para influir tu decisión.

Nuestras decisiones están orientadas por sesgos, creencias y emociones, dependen del entorno y de la carga cognitiva que tengamos. La economía del comportamiento es una línea de trabajo que reconoce que no tenemos racionalidad perfecta y recoge elementos de la psicología, la sociología y otras ciencias sociales para alimentar y acercar los modelos económicos a aspectos realistas de los procesos de toma de decisiones. Ya desde 1759 el padre de la Economía, Adam Smith, y antes de acuñar su famoso “dejad hacer, dejad pasar” o de presentarnos a la mano invisible como metáfora del funcionamiento de los mercados, insinuaba en su libro “Teoría de los sentimientos morales” cómo para una persona una pérdida podría tener un mayor valor que una ganancia, así las dos fueran de la misma magnitud. Hoy en día a esto lo conocemos como efecto dotación. Una vez poseo algo, mi valoración por ello aumenta de manera tal, que perderlo significaría un malestar mucho mayor al bienestar inicial. De hecho, este comportamiento también es producto de nuestra aversión a la pérdida.

Estos sesgos o desviaciones de la teoría económica tradicional  se pueden clasificar en tres categorías: sesgos sobre las preferencias, las creencias y el procesamiento de la información. El ejemplo de los programas de salud muestra cómo actúa el efecto marco como un sesgo sobre el procesamiento de la información. El efecto dotación es un ejemplo de sesgo sobre las preferencias. Un ejemplo de un sesgo sobre las creencias, es el sesgo de la representatividad. Tenemos la tendencia a establecer estereotipos que a veces pueden llevarnos a cometer errores.  Un ejemplo común es la relación entre el precio y la calidad de los productos: dado que los productos de calidad excepcional suelen tener un precio elevado, a menudo interpretamos el precio de un producto como una señal de su calidad, aunque no sea necesariamente el caso.

Durante estos meses de pandemia algunos de estos sesgos de comportamiento fueron más evidentes. Hemos estado expuestos a una sobrecarga cognitiva provocada por grandes volúmenes de información y por el estrés y la angustia que producen los picos de contagio y muertes. Lo anterior limita nuestra capacidad de procesar información y actuar en consecuencia. Igualmente, las autoridades sanitarias y gubernamentales se vieron en la necesidad de orientar nuestro comportamiento usando normas sociales descriptivas (“todos usamos el tapabocas correctamente”) y prescriptivas (“el uso del tapabocas es obligatorio cubre nariz, boca y mentón”) apelando a la reciprocidad y a la cooperación para lograr ambientes seguros (“#EnLaUNABNosCuidamos”).

Este campo de la Economía fue reconocido por primera vez con un Premio Nobel en 2017. Richard Thaler fue premiado por sus aportes a la economía del comportamiento y es considerado uno de sus más grandes exponentes. Con Cass Sunstein, quien fue Director de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios de la presidencia de Barack Obama, escribió el libro “Nudge” donde se relatan una serie de aplicaciones de la economía del comportamiento en temas de interés público como la alimentación escolar, el ahorro pensional, las finanzas personales, las crisis bursátiles y de donaciones de órganos.

Igualmente, en 2019 los investigadores afines a este campo Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer también fueron premiados con el Nobel por su enfoque experimental para aliviar la pobreza global. Duflo es cofundadora y directora del Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL), un laboratorio donde se usan los conceptos de las ciencias conductuales y se realizan experimentos aleatorios a gran escala para responder a preguntas sobre la pobreza con un enfoque basado en la evidencia científica. En el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la OCDE, la oficina del primer ministro en el Reino Unido y en la Casa Blanca ya existen dependencias dedicadas al estudio del comportamiento humano y a su aplicación en temas económicos, sociales y empresariales. Algunas organizaciones nacionales de los sectores financiero y de infraestructura ya están usando estos conceptos en el desarrollo de sus productos y proyectos en materia de microcréditos, fintech y desarrollo urbano.

Este enfoque comportamental de la economía nos permite tener políticas públicas y emprendimientos sociales más cercanos a la gente y a sus problemas reales. Permite comprender por qué un proyecto funciona y bajo qué condiciones, ayuda a entender cómo la confianza y la cooperación construyen capital social y son propulsores de desarrollo más fuertes que cualquier presupuesto de inversión. En últimas, pone el foco de atención en lo que realmente importa: el bienestar de todos los miembros de una sociedad.

En la UNAB contamos con un laboratorio de economía experimental llamado Social Bee Lab. Este proyecto académico, en asocio con la Universidad de Nueva York en Abu Dabi, ha permitido que estudiantes de todos los programas académicos de pregrado de la Universidad participen de estudios y contribuyan desde sus propias decisiones.  

* Personajes de las series Star Trek y The Big Band Theory, respectivamente. 

 

 

Tabla Técnica

Autor 
Fecha 
Sep 30, 2021
Tipo 
Noticia