Por Pastor Virviescas Gómez
Yakaré, en guaraní, significa caimán, pero el que estuvo la semana anterior en la UNAB no fue un reptil, sino el grupo de música jazz que bajo ese nombre dictó un taller de ocho horas a los estudiantes de la Facultad de Música y luego se presentó en el Festival de Piano de la UIS.

Esta agrupación, con sede en Barcelona (España), está conformada por cinco hombres cuyas edades oscilan entre los 23 y los 29 años. Son ellos, el percusionista Juan Pablo Rodríguez, de Caracas (Venezuela); el pianista Sergio Pamíes Rodríguez, de Granada (España); el bajista David de la Varga, de Cataluña (España); el baterista barcelonés Martí Elías Vinyals, y el saxofonista y flautista David Jácome, un bumangués que estudió en la UNAB, luego fue profesor de esta Institución y después decidió marcharse al Viejo Continente a seguir con su cuento.

Gracias al convenio existente entre el Conservatorio Superior de Música del Liceu de Barcelona y la Facultad de Música de la UNAB, más el patrocinio de la Fundación Ramón Llull, Yakaré tomó un avión y vino a esta ciudad con el propósito de hacer sonar un tipo de jazz distinto al que interpretan en su cuna, Nueva Orleans (Estados Unidos).

Ellos comprobaron la desgastada frase de que la música es un lenguaje universal. “Se rompen las fronteras, se olvida de qué país es cada quien y al final lo importante es tocar juntos”, dice Rodríguez.

“Todos fuimos a dar al mismo lugar, las aulas del Liceu. Más tarde llegaron David y Juan, y sentimos la necesidad de compartir la música y así fue como nos juntamos”, recuerda Pamíes.

“Yakaré es un grupo de amigos que quieren hacer música, aprender de todos y hacerles pasar un buen rato a los demás”, afirma De la Varga.

Vinyals considera que no es demasiado atrevido de su parte dedicarse al jazz en lugar de optar por otros géneros y más si tiene un valor agregado: “Lo mezclamos con otras músicas más españolas y populares de todo el mundo, como funky o boleros. Hacemos jazz porque fue lo que empezamos a hacer juntos y la idea del jazz, la improvisación, es lo que buscábamos”.

En opinión de Pamíes, “lo más interesante del grupo a nivel de composición e interpretación es que cada uno aporta su influencia y en algunas coincidimos y en otras no. La personalidad de cada uno está presente en nuestro trabajo y todo muy bien conjuntado”.

De la Varga admite que el jazz no es la opción más popular o comercial, pero supone “que quien escucha jazz sabe lo que es la buena música”.

En tono de broma, Vinyals manifiesta que Yakaré no tiene negros como dictarían los cánones, pero que no hace falta. “Los negros de Estados Unidos tienen otro nivel, aunque tocamos buen jazz y en el Liceu de Barcelona nos guían bastante para conocer esta música”.

Y es que en ese centro de formación, que goza de reconocimiento a nivel internacional, los estudiantes se pueden inclinar por la música clásica o la moderna, que en este caso es el jazz. El mérito adicional de Yakaré es que es la primera banda que se ha logrado consolidar e incluso tiene su propio disco, que incluye diez piezas, entre las que se destaca “A 1.200 euros de casa”, que recoge la experiencia de Jácome cuando empacó sus maletas y decidió irse a Europa, o “No sé tú”, adaptada de la versión original de Armando Manzanero.

“Música ecológica”

“Lo más bonito de cualquier disco de jazz es que la improvisación da la posibilidad de plasmar claramente unas vivencias. Vale la pena que nos escuchen”, sostiene Rodríguez.

“Lo difícil en el arte no es crear, sino crear de otra manera y si no, que se lo digan a sus maestros, a su vez grandes expertos en el arte de la mezcla explosiva: de Irakere a Eliane Elías, pasando por Weather Report, Chick Corea, sin olvidar a Manzanero o a Ketama, todo ello sabiamente asimilado gracias a su sólida formación técnica y artística”, dice la tapa del disco que lo presenta como una producción que está al alcance de quienes habitualmente no consumen jazz.

Pamíes considera una aventura esta incursión en tierras colombianas. “Para nosotros es un placer y hacía tiempo que teníamos en mente venir a Colombia, que nos ha sorprendido gratamente porque a España la información nos llega filtrada. Ojalá al regreso podamos contribuir a que se cambie esa imagen de este país, porque es maravilloso”, insiste.

De los estudiantes de la UNAB que tomaron el taller, De la Varga resalta el interés y las ganas de aprender: “Fue mucha información para tan poco tiempo, pero se notaba su energía”.

El futuro lo ven sencillo: “Abrir puertas y dar vueltas por el mundo llevando la música nuestra”, señala Rodríguez.

Por ahora su paso por la UNAB y su participación en el Festival de la UIS no baja de ser una gran experiencia. “Tres tenemos 23 años y a esta edad poder venir a América Latina es una cosa increíble. Es algo alucinante”, admite Vinyals.

La mala noticia es que Yakaré debe ponerse a buscar el sustituto de Pamíes, quien viajará el año entrante a Estados Unidos a seguir sus estudios. Aunque Sergio está seguro de que el grupo no se va a acabar porque ya han pensado en un bumangués que llegaría a reforzar su nómina.

Jácome, que en principio quería devolverse pronto a su país, ahora busca quedarse varios años más, una vez logre cambiar sus documentos de estudiante por los que le permitan una estadía más prolongada.

“Si hubiera que definir la ‘música ecológica’ –porque está libre de contaminación acústica y porque sólo se emplean ingredientes naturales– de Yakaré, habría que hablar de fusión sin confusión, de mestizaje sin adulterio, y, sobre todo alegría para el espíritu y el cuerpo”, concluye De la Varga.

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Yakaré se presentó ante unos 800 espectadores el miércoles 13 de septiembre en el Festival Internacional de Piano de la UIS. David Jácome, con la flauta y el saxofón, se robó el protagonismo de la noche. La batería y la percusión también brillaron, opacando al piano diestramente interpretado por Sergio Pamíes.
/ FOTO PASTOR VIRVIESCAS GÓMEZ

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Desde Sep 18, 2006
Hasta Sep 24, 2006
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Noticia